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Tiradentes

En el caso de que se trate de una persona que no sea una persona,

Tiradentes: tiradentes


Tiradentes

A veces cismo con ese mi exageración de ver una cierta falta de respeto, de informalidad excesiva en el trato de algunas figuras que hicieron historia. Tiradentes, que aún niño perdió a los padres y también las propiedades de la familia, era de una posición social mucho más simple que los otros inconfidentes de la aristocracia minera, entre ellos poetas y abogados ricos y con patentes militares superiores a la suya, que era un simple alférez, algo equivalente al que sería hoy un segundo teniente de tropa. Soñaba con un gobierno republicano, libre de los altos impuestos cobrados por la corona portuguesa, sin ejército, en el que el capital sería Sao Joao del Rei. Pensó en la fundación de las industrias de fabricación e incluso una universidad en Vila Rica, actual Ouro Preto.

Tiradentes: persona


Iglesia de San Juan del Rey, flanqueada por palmeras imperiales

No sé si fue esto, o la valentía en insistir que fuera el único responsable de la "inconfidencia", inocentando a los demás. El caso fue que, mientras los compañeros eran condenados al destierro, o degredo, como era llamado en la época, fue sentenciado a la horca por orden de la Reina María I, la Loca, madre de D. João VI. Después de la lectura del Decreto Regio, su reacción fue de alegría por los otros reos, que recibieron el perdón real. Sus confesores tuvieron poco o ningún trabajo en consolarlo, pues j & aacuteaacute; estaba "humillado y contrito, ejercitándose en muchos actos de las principales virtudes" (Autos, v.9, p.108).

Después de esto fue olvidado hasta tiempos después de la Proclamación de la República, cuando comenzó a ser visto como un icono republicano, en su postuma victoria. Su figura crística de cabellos y barbas largas, vestido con una túnica blanca es inverosímil, dado que en la prisión donde pasó sus últimos tres años de vida, incomunicable y sujeto a tortura y presión psicológica, los detenidos estaban obligados a hacer la barba y mantener el bar el pelo corto, para evitar los piojos.

Lo cierto es que, una mañana de sábado, en 1792, el hombre anduvo en procesión por las calles engalanadas del centro de Río de Janeiro, en el trayecto que separaba la cadena pública del ancho de la Lampadosa, actual plaza Tiradentes, donde había levantado el patíbulo. Como si fuera el mismo Jesucristo, besó los pies y perdonó al verdugo, sacó la camisa y habló: "Nuestro Señor murió desnudo por mis pecados..."; caminó con el crucifijo en la mano, seguro de "ofrecer la muerte como sacrificio a Dios". (Autos, v.9, p.108).

Cumplida la sentencia, fue descuartizado y salado. Su cabeza fue puesta dentro de una jaula y llevada a Ouro Preto, donde quedó expuesta en un pilar de madera, sus piernas clavadas en postes en la Carretera de las Minas y los brazos llevados a Barbacena. Con su sangre se labró el certificado de que la sentencia era cumplida, y fue declarada infame su memoria.

Se resistió una biografía truncada, contradictoria, donde aparece como héroe a veces, o como un inocente falastrón en otras. Prefiero la primera, me hace sentir mejor. Sé que un republicano, enemigo de la esclavocracia, inspiró el sentimiento que el Estado brasileño mantiene desde 1891, cuando promulgó su Constitución. También sé que conociendo nuestro pasado comprenderemos el presente y planearemos mejor el futuro.

Lo que no sé, no entiendo, es la permanencia de la palmera imperial como un símbolo de elegancia. ¿Dónde está la palmera republicana? ¿Cuándo será promulgada?

Autor: Raul Cánovas

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